viernes, 17 de abril de 2009

Mi infancía y los libros (23 ABRIL DÍA DEL LIBRO)

MI INFANCÍA Y LOS LIBROS (23 ABRIL DÍA DEL LIBRO)

A medida que uno se va adentrando en la última etapa de la vida, nos aferramos a los recuerdos, cómo si quisiéramos volver a empezar el ciclo. Es angustioso pensar en que el tiempo se acaba… ¡Nos queda tantas cosas por hacer aún! ... Los recuerdos nos golpean, y se apilan en nuestras mentes cansadas; las imágenes de otros tiempos se suceden incansables cómo fotogramas de un film vivido por nosotros mismos.

Recuerdos de la niñez, sahumerios de otros tiempos. Es increíble cómo rememorando el pasado podemos percibir aromas olvidados, pero que escarbando en nuestro subconsciente afloran de nuevo en la memoria. Y ante nuestros ojos desfilan las escenas vividas durante la infancia. Es sorprendente el funcionamiento de la memoria; a veces somos incapaces de recordar las vivencias del día anterior, y sin embargo tenemos capacidad para recordar momentos muy lejanos en el tiempo. Algunas personas me han tomado a broma, cuando he manifestado que recordaba mis primeros pasos.

Recuerdo con que amor me tenía mi madre en sus brazos. Percibo su calor, su olor, la suavidad de su piel, sus dulces caricias y arrullos; y sobre todo, recuerdo el tranquilizante sonido de su voz.
Mis primeros garabatos, entonces los llamaban palotes, luego vinieron las primeras letras a través de las cuales iba descubriendo un mundo nuevo y maravilloso; recuerdo cómo durante los paseos cogidos de la mano de mi madre, me entretenía intentando descifrar el contenido de los anuncios en las calles de Madrid.

Muy pronto aprendí a leer, dicen mis mayores que lo hice prematuramente. Quizás lo provocó la gran curiosidad que sentía por descubrir el contenido de una gran Biblia llena de bellísimas láminas a todo color, que había en casa. A medida que iba creciendo aumentaba mi pasión por la lectura. Recuerdo que aquellos tiempos, eran años de penurias y escasez en el Madrid de la posguerra, donde en cualquiera de las familias obreras escaseaba lo más básico para la subsistencia, por consiguiente era lógico que los niños de la época no pudieran disfrutar de un juguete.
Fue tal vez aquella circunstancia la que me hizo valorar los libros desde muy temprana edad y a apreciarlos como el mejor juguete del mundo. Abrir un libro era como si se abriera un mundo desconocido, significaba tener a mi alcance miles de maravillosas aventuras. Con Emilio Salgari, descubrí la selva y el maravilloso mundo salvaje, con sus impresionantes elefantes y los majestuosos tigres de bengala. Junto a Sandokan, surqué los mares de Asia en mil aventuras apasionantes.
Participé en mil batallas contra otros piratas y corsarios, junto al Tigre de Malasia y me enamoré perdidamente de Mariana, la maravillosa mujer de ojos azules y cabellos de oro. Con Julio Verne, descubrí un mundo fantástico de ficción, sueños que con el transcurso del tiempo se fueron convirtiendo con asombro en realidades que hoy todos podemos palpar..A su lado di “La vuelta al mundo en ochenta días”, navegué junto a él en “Veinte mil leguas en el Nautilos” y le acompañé en su asombroso viaje “De la tierra a la luna”. De la mano de Zane Grey fui descubriendo el Salvaje Lejano Oeste a través de algunas de sus novelas más famosas como El caballo salvaje, La herencia del desierto, El cazador de pumas o Los jinetes de la pradera roja.

Mi evocación del colegio (en aquellos tiempos se llamaba escuela) se centra principalmente en el recuerdo entrañable hacia mi maestro, como educador y como una gran persona, buena y generosa, capaz de compartir su pequeña porción de almuerzo con el alumno más necesitado. Un alma noble y sencilla que me enseñó los verdaderos valores de la vida.
En aquellos años de penurias por el hambre, se hacia más comprensible que hoy, el relato de la Biblia, en el cual dice que Esaú le vendió a su hermano Jacob la primogenitura por un plato de lentejas. Génesis 25,29-34).

Recuerdo el libro de lectura que utilizábamos en clase, se titulaba Países y mares. Era un excelente libro, impreso en manuscrito con diferentes tipos de caligrafía. Muy ameno ya que en el se hablaba de una familia compuesta por los padres, un niño y una niña, que les acompañaban en un largo viaje en barco a través de todos los países y mares del mundo. Con este maravilloso libro, no solo aprendíamos a leer y escribir correctamente, sino que además viajábamos acompañando a los protagonistas en muchas aventuras, conociendo los diferentes países del mundo, así como sus costumbres y culturas....

Yo estoy completamente seguro, un libro es el mejor amigo del mundo, en este próximo día del libro, ¡¡regalemos un libro al mejor amigo!!...

©Roberto Santamaría

2 comentarios:

  1. Presente en tus letras mi querido amigo,
    es un placer para mi estar en tu rincón poético.
    Abrazos y mi cariño

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  2. Gracias mi querida amiga por el regalo de tu presencia en mi espacio poético, para dejar en él la dulce huella de tus palabras.

    Un abrazo

    Roberto

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