viernes, 20 de febrero de 2009

“Desencanto”


“Desencanto”

Estas ahí, te siento lejana, ausente,
tal vez sentiste el eco del silencio,
mientras recuerdas las palabras,
que un día lejano salieron de su boca.
Sentiste el sonido sin comprender
el significado de su mensajes:

-Quiero transitar otros caminos
descubrir otros mundos
que me digan si encontré la razón
para encadenar mi vida, con los lazos del amor-

Se oscureció tu alma,
ante tales palabras,
que en tus sienes ardientes
golpearon sin piedad.

Todas tus ilusiones
se diluyeron en el viento,
dibujando laberintos
de cruel soledad.

Construiste un castillo
de quimeras ardientes
donde un bello doncel
te viniera a buscar,
y trazaste la senda
de un príncipe valiente
que con su amor te alojaría
en palacio de cristal.

Hoy la brisa, te trae de nuevo su recuerdo,
que te atenaza renovando tu nostalgia
y se encienden aún en tu alma
nuevos brillos de ansiada esperanza…

©Roberto Santamaría



jueves, 19 de febrero de 2009

Desnudo en cuerpo y alma”


Hoy, en que mi cuerpo está desnudo
de apariencias y de sofocadas ansias,
¡Confieso ante el mundo, que te he amado
más allá del amor, y de mi alma!.


¡Que he cubierto mi cuerpo de corales!
y abrazado la belleza que se alcanza,
entre soles y lunas que se esconden
a lo lejos, entre nubes de esperanzas.


Hoy navego entre sueños olvidados,
deseando recordar tu presencia
entre abrazos y besos postergados
me pregunto, -¿Cuándo encontraré la calma?


¡Hoy, que desnuda está mi alma!
despojada ya, de ocultas intenciones,
aún me quedan más de mil razones,
para amarte, aún con muchas ganas.


Si en mis sueños apareces cada noche
y mi llanto moja el lienzo de mi almohada,
es porque no consigo olvidarte,
y desnudo quedo, en cuerpo y alma…


©Roberto Santamaría

domingo, 15 de febrero de 2009

“Un ramillete de versos”


Llegaron a tus oídos ramilletes de versos
Que para ti compusieron como un regalo
en armonioso y nostálgico canto
Y florecieron en tu alma, cuando en primavera
florecen bellas las flores, en todo su esplendor.

Naciste entre el canto dulce de poetas
sintiendo en tus entrañas por ellos tu pasión,
y fuiste enredadera de versos contenidos
en rimas de colores, de amores y dolor.

Con lágrimas de hierro lloraste los poemas
vibraron tus sentires con toda la emoción
de odas y cantares se embelleció tu alma,
y uniste en un grito tu voz a su canción.
Te fundes con poemas y rimas al poeta
caminas entre ellos como buen trovador,
y prendes corazones de llamas encendidas
abrasando las entrañas, con la magia del amor.
©Roberto Santamaría

domingo, 8 de febrero de 2009

Los caminos de vida

Los caminos de vida


En mi paso por la vida
transité por los caminos
más lejanos y profundos,
algunos fueron sombríos,
oscuros como la noche,
otros serenos y alegres
tan frescos y bulliciosos,
como la risa de un niño.


He atravesado veredas
para salvar mi destino,
que atajos hay en la vida
que rodean la tristeza,
huyendo de la fealdad
para admirar la belleza.


He huido de lo mezquino,
de lo vulgar y manido
en busca de la verdad,
de aquello que aún se esconde
tras la sonrisa de un niño.


He bebido de las fuentes
del amor y del cariño,
y agoté los manantiales
las amarguras y olvidos.


Y ejerzo paternidad
de cuatro hijos, que nacidos
de aquella admirable mujer,
que unió su destino al mío.
He sentido lacerante
el dolor de haber perdido
a aquella mujer querida
madre de mis cuatro hijos


© R. Santamaría

lunes, 2 de febrero de 2009

“Décimas para una guerra”

“Décimas para una guerra”



Cuando comienza una guerra
muere siempre el inocente,
por más que sea valiente
su premio está bajo tierra.
Siempre estremece en la guerra
la perdida de aquel hijo,
que al defender su cobijo
bajo las balas fallece,
y es el dolor que padece
el que la guerra maldijo.


Cuando termina una guerra
no hay vencedor ni vencido,
sólo el dolor convencido
del error que aquella encierra.
Es el precio del que yerra,
que se cobra la ambición
y es del hombre perdición,
siempre que gane el canalla
y es rufián aquel que calla,
al compartir la traición.


Si se ejerce contra el pueblo
donde muere el ciudadano,
el padre, hijo y hermano
soportando siempre el duelo,
llora y sufre sin consuelo
desesperado aquel padre,
viendo el dolor de la madre
de odio eleva una muralla,
contra el artero que acalla
de la guerra su desmadre.




© Controversia/R. Santamaría