lunes, 1 de agosto de 2011

“SÉ QUE UN DÍA VOLVERÁS”


“SÉ QUE UN DÍA VOLVERÁS”


Estoy aquí, pensando en ti,
la mirada perdida en el horizonte
esperando verte aparecer de entre
la niebla, donde se pierden las vías,
de ese tren que desde la lejanía
te acercará de nuevo a mí.

Y siento que el frio de los raíles
penetra lacerante en mi interior,
mientras el recuerdo de tu partida
Invade todo mi ser de cruel dolor.

Recuerdo aquel día frio y gris;
paseábamos por el andén,
tú estabas feliz, saboreando
el placer de lo desconocido,
del camino que lleva a la aventura.
Yo permanecía en silencio,
maldiciendo tu partida.

Hoy, como cada día vuelvo aquí,
con la esperanza, de que de ese tren
que se acerca, desciendas tú.

¡Porque sabes! Aun no pierdo la esperanza,
sé que un día tú volverás,
e imagino que estas escondida
donde se pierde la curva,
esa dolorosa espiral, a través de la cual un día,
tú mi amor, te perdiste entre la bruma…

Sé que pronto, ese tren que nunca llega,
te traerá envuelta, entre una nube
vaporosa, y yo estaré aquí esperándote.

¡Porque sabes mi amor!
Aún no he perdido la esperanza…


©Roberto Santamaría

sábado, 29 de enero de 2011

“Rosa del Cairo”


“Rosa del Cairo”

Cual bella rosa que del Cairo luces,
brilla serena, excelsa tu belleza,
se adivina en tus ojos la grandeza
de reinos de otros tiempos andaluces.

Te busqué en laberintos de los cruces
buscando cambalache a mi tristeza,
en labios del color de la cereza
al edén de tu boca me conduces.

La pasión que en tus brazos yo encontraba
en la celda que guardan los cerrojos,
de los brazos que amantes me abrazaba

cautivo del embrujo de tus ojos
que día a día, a mi me enamoraba;
Ahora soy juguete a tus antojos.

©Roberto Santamaría

martes, 11 de enero de 2011

“Al ritmo del reloj la vida escapa”

“Al ritmo del reloj la vida escapa”

 
Sólo fue un leve suspiro un lamento,
de aquel breve pasado tan fugaz,
dejó ya la huella del tiempo en su faz,
la mirada, un abrazo, un beso al viento.

Un gesto, en bello rostro de mujer,
una dulce palabra, una caricia,
el amor vivido, aquella delicia,
nos quedan los recuerdos del ayer.

Aquello que durante nuestra vida,
ya fueron nuestras estaciones todas,
entre el camino, el bazar y las modas,
la memoria nos abandona en huida.

Caricia del viento en la piel ajada
de nuestra vida vacía que pasa…
y es allí, donde ya todo fracasa,
aquella que fue vereda sagrada.

Desplegado el tiempo en minutos breves
entre perfiles que forman retazos,
surgen recuerdos de leves abrazos
mientras el pelo se cubre de nieves.

En el boceto de una línea sola
al ritmo del reloj la vida escapa,
llega la parca con su negra capa,
y clava con saña, aguda gayola.


©Roberto Santamaría